IN MEMORIAM – PADRE JOSE RAMON ARISTI
Corría la década del 80′ y principios de los 90’s y me tocó ser monaguillo de la Basílica del Santísimo Sacramento, ubicada en San Martín 1039 de la Ciudad de Buenos Aires. Como todo chico de primaria para mi lo más importante era jugar, y el espacio reservado para los monaguillos en la Basílica era nuestro lugar de juegos (teníamos canchita de fútbol, de paleta, mesa de ping pong, mesa de metegol y juegos de mesa). En síntesis, era como ir a un club pero sin pagar la cuota social, sólo debías ayudar en la celebración de la bendición del Santísimo Sacramento (antes la misa de las 19 hs.) que usualmente celebraba el Padre ARISTI y en las misas de los domingos.


Estábamos a cargo del Hermano Antonio -que podría decir que casi actuó como un padre para mí, ya que nunca tuve uno- (es más que ni siquiera conocí) y frecuentemente nos visitaba un padre más viejito, que era el Padre ARISTI, quien una vez para el verano nos compró una pileta Pelopincho gigante (que armamos en la canchita de futbol) y que era nuestra pileta en verano. A todos nos gustaba cuando nos visitaba el padre ARISTI, que oficiaba de “abuelito” porque era él, el que nos “malcriaba“, ya que siempre nos llevaba caramelos, bombones, chocolates y entonces jugábamos partidos de fútbol donde el equipo que ganaba se comía la mayor parte de estos dulces.

A “los monaguillos” como le decíamos, ibamos los hijos de los encargados de los edificios, de las amas de llave, de las familias que vivían en los hoteles familiares de la avenida Leandro Alem y de otras familias del barrio de Retiro.
En esa Iglesia, y gracias al Hermano Antonio y al Padre ARISTI pudimos estar en el casamiento “del Diego” . Sí!! Verlo al Diego (colados) en primera persona!!!

Allí se casó Diego Armando MARADONA con Claudia VILLAFAÑE. Como en esa época Diego jugaba en el Nápoli de Italia, pudimos ver de cerca a Careca y a otros jugadores del Nápoli y a la familia de Diego, Lalo y sus otros hermanos.
A mi me tocaba ayudar en la misa de 12 de los domingos, que celebraba el Padre ARISTI. Yo era chico y no podía entender por qué la gente hacía una fila especialmente para comulgar con él, o esperaba bastante tiempo para confesarse sólo con él. Pero sí puedo recordar que todos salían como reconfortados y luego volvían una y otra vez (que es lo que pasa cuando te gusta estar con alguien o la otra persona te transmite esa paz que tanto buscas).
Recuerdo que por esas cosas de la vida, una vez, los jefes de mi mamá se decidieron a pagarme un viaje a Estados Unidos en agradecimiento por sus años de servicio y para que yo -de paso- practique mi inglés. Para mi y mis “amiguitos” de esa época nuestro mundo era el fútbol, “jugar a la pelota“, la pelota, la amistad y nada más. De repente, uno de nosotros (yo, con sólo 14 años) me iba sólo a Estados Unidos -el país de donde veíamos las películas que marcaban nuestras vidas en ese momento (Top Gun, Rambo, Duro de Matar, Beverly Hills Cop, etc…)- a ver, de primera mano, los rascacielos, la Estatua de la Libertad y tantas otras cosas. Ante el revuelo que tomó este notición, recuerdo que el Padre ARISTI me fue a ver y me dijo: “cuidate mucho y acordate que Dios siempre quiere lo mejor para vos“ y me regaló dinero para mi viaje.
Más adelante tomé conocimiento que quien luego fuera nuestro Papa, el Papa Francisco, Jorge BERGOGLIO, también se confesaba con el Padre ARISTI y que una vez reconoció que cuando falleció ARISTI dijo”…Fue mi confesor, con este rosario en la mano absolvió a muchísimos pecadores; no es posible que se lo lleve bajo tierra…” y por eso decidió tomarlo (sin permiso) y pedir al Padre ARISTI un poco de su misericordia para que lo ayude luego en su misión.

Francisco decía: “¡Sentí algo fuerte que me dio el valor para hacerlo –explicó el Papa–, y para hacer esta oración! Y luego, esa cruz me la metí aquí, en el bolsillo. Las camisas del Papa no tienen bolsillos, pero yo siempre llevo una bolsita de tela pequeña, y desde entonces hasta ahora, mi mano se dirige aquí, siempre. ¡Y siento la Gracia! Siento que me hace bien. Hace mucho bien el ejemplo de un sacerdote misericordioso, de un sacerdote que se acerca a las heridas…El padre Aristi daba a los penitentes el rosario con la pequeña cruz mientras se confesaban, después la usaba para absolver y al final los invitaba a besarla. Es decir, ese rosario y ese crucifijo fueron testigos de un río de gracia“.
De joven, cada sábado, el Papa Francisco y su hermano Óscar acudían a basílica del Santísimo Sacramento durante la noche para apuntarse en las guardias de oración: “Se comenzaba la adoración alrededor de las nueve de la noche, después de la predicación del padre Aristi”, recordaba el Papa Francisco.

Siempre se dijo también que el propio Juan Pablo II pudo haber tenido esa cruz en sus manos y la haya besado.
Volviendo a mis días de monaguillo, la gente donaba zapatos para que en las misas los monaguillos ayudáramos con zapatos (que era lo que se veía de nuestras ropas ya que usabamos una sotanita roja y un roquete blanco encima) y recuerdo que estar en la misa junto al Padre ARISTI era reconfortante, el nos hacía sentir bien, nos trataba bien y podías notar que a él le hacía bien también hacer sentir bien a la gente.

(abajo, anterior canchita de los monaguillos y actual jardín de la Basílica) ↓↓↓

En fin, de esa época tengo muy lindos recuerdos, y estoy muy agradecido de que Dios haya puesto en mi camino al Padre ARISTI, al Hermano Antonio, a la Basílica del Santísimo Sacramento, a sus padres sacramentinos, y a todos los que me rodearon y que me ayudaron a ser lo que soy hoy.
MUCHAS GRACIAS PADRE ARISTI !!!






